Odio las cenas de empresa. Son imprevisibles. Puede ocurrir cualquier cosa, y sin embargo siempre son iguales.

A estas cenas suele ir todo el mundo. Gente que sospecho va porque es gratis (que se joda el jefe, dicen), gente que va para quedar bien, gente que va a comer porque con lo que pagan no cena ningún otro día del año... Gente que se sienta a tu lado y te habla, y a lo mejor, tras el tinto, el blanco y el cava, hasta te abraza en un glorioso momento de exaltación de la amistad, y cantáis juntos, campana sobre campana, y decidís que esta amistad es de puta madre y que tío, a muerte. Eso si, tras el dolor de cabeza del día siguiente, y la reflexión, volverá el lunes en que ni os dirijáis la palabra.

A estas cenas la gente va con hambre. Parece que engullen más que comen. Y lo peor de todo es el dolor de estomago y la resaca del día siguiente. Y es que la comida no es buena, y la bebida tampoco. Lo se, lo se, a caballo regalado..., pero es que la calidad suele bajar a menos del 50% estos días, especialmente si la calidad habitual del local ya es de 50%.

A estas cenas va el jefe. y el super jefe, y los jefes intermedios. Joder, cuántos jefes hay en algunas empresas. Así van. Los jefes se sientan juntos, y miran inquisidores y comentan. Parece que rifan a quien echar primero en el año que entra. Los jefes a veces se hacen los colegas, sonríen, cantan, se acercan a brindar, te dicen "luego vengo a fumarme un cigarrito". Los jefes brindan y dicen cosas muy bonitas, improvisadas, como que somos los mejores, que sin nosotros la empresa no... ¿no qué? Sin nosotros, la empresa contrataría a otras personas. Y a lo mejor hasta les pagaba menos, Si es que se puede pagar menos... A veces los jefes también tienen momento exaltación de la amistad, y se abrazan, y nos abrazan, a unas más que a otros. En esta empresa hay más mujeres que hombres, y a veces los jefes tienen oscuras intenciones para con ellas. Una vez recuerdo que un jefe no dejaba de mirar a E., y cuando ella se marchó, no hacía más que preguntar por ella, el cabrón. ¿Quería subirla el sueldo? No, claro, quería mojar el churro.

A veces ser jefe en este ambiente es difícil. Si llevas corbata porque eres un estirado, si no porque te has creído un jovencito... Si la cena es buena o si es mala, las críticas llueven por igual, y todo, siempre, es culpa del jefe. Es la regla número uno de estos eventos: si se puede fumar, o si no, si dan vino bueno o malo, todo es culpa del jefe. Si bueno, podría subirnos el sueldo el cabrón, si malo, esto se lo bebe su puta madre. Siempre igual. A veces el jefe incluso pasa vergüenza, y le gustaría despedir a todos, quemar los contratos y limpiarse el culo con el convenio colectivo, como cuando a Carmen nuestra jefa anterior le cantaron las petardas de mis compañeras "Carmen, Carmen, voy a tener que emborracharme" delante de los jefes supremos. La señora tuvo que ser sujetada porque blandía un cuchillo, no se si para matar a alguien o para hacerse el harakiri.

A veces estas cenas deparan sorpresas, como cuando los compañeros de trabajo se lían, o lo intentan. Una vez, cuando fui solo M., me invitó a su casa. Ella tenía novio, pero no pasa nada, me invitó a tomar una copa, decía que tenía una botella de no se qué, que estaríamos cómodos y calentitos... No se de qué era la botella. Sería mala, porque me fui con el resto de la gente a un garito a ponerme ciego a Gin Tonics. Siempre hay alguien bueno en estas fechas y me llevaron a casa.

A veces uno se convierte sin querer en el protagonista de estos eventos. Yo lo hice en lo que ha pasado a conocerse como "El gran cachetazo", una de mis actuaciones más recordadas, ¿verdad R.? Resulta que me estaba poniendo malo en aquella cena. Mucho vino, poco espacio (comíamos en taburetes, los abrigos hasta por el suelo, codo con codo, sin sitio ni para personas ni nada...). R. y yo en una mesa con compañeros cuasi desconocidos, lo que no evitó que R. intentara intimar con L. una profesora de inglés que le resultaba más que simpática. Las petardas canta que canta "carmen, carmen..." y yo medio alcoholizado, medio abandonado a mis instintos más primarios, la vi venir. Venía del baño o qué se yo de donde. Estaba preciosa, el jefe no dejaba de mirarla, a mi ya me gustaba, yo a ella no se, pero cuando pasó por detrás de mí, no lo pude evitar, y "zas", el cachetazo. Mi mano se posó en su trasero, provocando una reacción inversamente proporcional en mi amigo R. y en ella. Ella me odió.

Cenamos. R. y yo nos fuimos. Lo que ocurrió después, es otra historia. Solo diré que fue una gran noche. Una vez que la cena acabó.

P.S.: Querido Ignatus, parece que no me conoces, pero cuando acabes de leer esto, tal vez te darás cuenta que tu alter ego y el mío, se conocen muy bien.