El pasado 29 de diciembre, mi amigo Ignatus escribió esto que, por si no lo habéis leído, me permito reproducir:

tiendas de chicas

Como hoy tenía comida con mis amigas y finalmente lo hemos pospuesto al martes ni corto ni perezoso he estado en valladolid acompañando a mi hermana de compras.

Tarde o temprano todos tenemos que enfrentarnos a pasar una tarde en tiendas de ropa femenina, pero nada te prepara para ello.

Para empezar si eres chico o tienes pinta de top model o las dependientas directamente no te ven.No estás.No eres una presencia con la que interactuar, un ser humano provisto de sentimientos, ilusiones, mundo interior.No,eres un intruso, menos que eso, eres el acompañante, tu opinión no vale para nada.Existes en un plano de realidad paralelo.

Y entonces se te plantea el dilema de donde colocarte mientras la chica a la que acompañas se prueba ropa.Cerca de los probadores ni pensarlo, pensarían que eres un`pervertido.Te quedas de pie, en medio,sufriendo esa sensación de la que hablaba tom wolfe en "La hoguera de las vanidades" en relación a ese momento en que en una fiesta estás solo y no tienes con quién hablar.El problema en estas tiendas es que hay un montón de chicas y mujeres mirando ropa y tú siempre estás molestando.te pongas donde te pongas, alguna clienta querrá ver lo que tienes detrás.Es un ambiente hostil.Tal vez los gays sepan que hacer,vete tú a saber.

Otro detalle alucinante de estas tiendas es la familiaridad de las dependientas hacia las clientas.

_Cariño esa camisa te sienta estupendamente.

_Cielo, pruebate este pantalón.

_Son 30 euros corazón.

Imaginate que esto te lo dice un dependiente masculino.Se te caen 50 euros y no te agachas a recogerlos por el amor de Dios¡¡¡

Sobre estas dependientas, varias cosas.

Por regla general están buenas y vistes pantalones negros ajustados.Tienen o un aire de superioridad increible(como diciendo "yo trabajo en esto temporalmente hasta que me llamen para desfilar en Cibeles")o por el contrario son de una dulzura enternecedora(estas son las que prodigan lo de cielo, corazón,etc...)Ah, y si tienen el pelo largo se lo recogen y sueltan cada 5 minutos, porque sí, porque ellas lo valen.

En cualquier caso es toda una experiencia.

Yo la he pasado esta tarde y he sobrevivido corazones.

Ayer fui de tiendas. Con una mujer. Y me acordé de él. Así que ahí van mis reflexiones.
Efectivamente, las dependientas no te miran. No existes. Simplemente porque tú estás ahí de relleno. Ni te vas a probar ropa, ni la miras con deseo (a la ropa), ni nada de nada. Como mucho vas a pagar algo. Eso sí. Las tías se miran mucho entre ellas. A veces con cara de verdadero odio. Ejemplo: mi chica en el probador, yo harto, esperando. Dependienta colgando ropa, de esa que se amontona a la puerta de los probadores. Pasa una clienta. Monísima. Pantalones piratas, botas, cazadora corta de piel, morena, pelo ligeramente recogido, como desarreglado pero perfectamente estudiado. Se mueve, ligera, entre los estantes. La dependienta no aparta sus ojos de la chica, ni yo de la dependienta, estudiándonos unos a otros. La odia. Estoy seguro. No se por qué. Si porque su ropa no es de la tienda, porque no lleva bolsas, porque parece no gustarle nada (de hecho se fue sin comprar), o porque la ve guapa, y la odia por ello. No lo se. En todo caso, tremendo.

Habla Ignatus sobre el momento de probarse la ropa. Ayer me dí cuenta. Es patético. Una panda de hombres, con cara de pocos amigos y mucho aburrimiento, acordándose de Z., M., y la madre que trajo a todas las marcas de ropa de mujer, esperando, brazos cruzados, a la puerta del probador. Parece que sale, pero no. Siempre es la chica de otro la que sale. La tuya no. Parece que se la ha tragado el espejo del probador, que lleva a un fantástico mundo donde todo el día se está de compras. Pero no, se abre la cortina. Pero no sale. Sólo quiere una talla diferente. Y ahí estás tú, atravesando el pasillo de los probadores, viendo cuerpos a diestro y siniestro (si, si, las cortinas nunca cierra bien por mucho que os empeñéis, chicas), y después trayendo un vestido nuevo, que tal vez no es el mismo que te llevaste, porque ni siquiera te fijaste en el estampado.
Lo del probadores es cosa aparte. Las tías entran de diez en diez, pero cuando entra un hombre con su chica, todas te miran como si fueras a mancillar el lugar. No se equivocan. Eso pasa por tu cabeza, pero claro, solo estás allí para dar tu opinión sobre la ropa. O traer otro modelo. Algunos probadores son muy bajos, y entre eso y los espejos, al menos a veces uno se lo pasa bien. Entre modelo y modelo.

Otro tipo de hombre en estos lugares, además del que espera y desespera, es el "hombre perrito". Es ese que sigue a su chica, como si le hubieran soltado en medio de la Gran Vía. No se aleja demasiado, pero está aturdido, no sabe dónde mirar, y con cada oleada humana teme perderse. El hombre perrito da vueltas alrededor de un estante, una y otra vez, siguiendo a su chica. Además parece imbécil, porque como nunca sabe en qué dirección va a girar su chica, tropieza con ella, con otras, con los estantes. Yo he sido hombre perrito. Se lo que digo.

El último tipo de hombre es el que disfruta, me temo que como a veces Ignatus. Y es que a veces ir de tiendas es ir a un escaparate de mujeres interesantes. Desde esas de pantalones negros ajustados que te ignoran, hasta la madre madurita medio desnuda en el probador.

Estas actitudes se potencian si la tienda a visitar es W.S., paraíso a veces, infierno a la hora de pagar o entrar en el probador: sus colas son kilométricas. Sobre todo en rebajas.

A pero, ¿se supone que en rebajas se compra más barato? Lo dudo. Lo de rebajas casi nunca gusta. Y ahí están las dependientas, colocando estratégicamente la "nueva colección". Al final, tu chica va cargada de ropa, y curiosamente, nada de rebajas. Todo "nueva colección". ¿Para qué demonios salimos en rebajas si todo lo que se compra lo puede comprar otro día? ¿Por qué dice hemos ido de rebajas, si lo que hemos hecho ha sido gastar un montón de pasta en una tienda atestada de gente?

En fin, que odio las rebajas. Y ayer, aburrido, pensé en escribir estas reflexiones.