Hace algún tiempo, en enero, escribía sobre mi experiencia una tarde de tiendas con una mujer, al hilo de un texto de Ignatus. Vuelvo a la carga con nuevos y, en algunos casos espeluznantes, datos.

Hablábamos de los probadores Ignatus y yo en nuestros artículos anteriores. Me reitero: las cortinas de los probadores no cierran bien, algunos probadores son demasiado bajos y algunas mujeres no caen en la cuenta de que puede haber hombres cerca y se prueban sin pudor, abriendo y cerrando las cortinas, permitiendo que el varón, que espera y desespera en la entrada de los probadores mientras su chica se prueba mil y un modelitos, se deleita, o no, con las carnes y las desnudeces de las féminas de los probadores. Yo no me deleité. Mala suerte.

Hablábamos también de la actitud de los hombres. Las tiendas deben haberse dado cuenta, ahora algunas instalan sofás que convierten la entrada de la tienda en una sala de espera cuasi médica (por el aburrimiento y las caras largas). Le dije a mi chica, con una pantalla gigante emitiendo fútbol todo cambiaría. Ahora, me reitero de nuevo: el hombre perrito existe aún. Este era un pijo tremendo, con su jersey pistacho sobre los hombros, giraba y giraba alrededor de las perchas intentando no perder a su señora, mientras con el rabillo del ojo espiaba a una morenaza, ni más ni menos guapa que su chica, pero que, alegremente, dejaba entrever, mucho, uno de sus senos a través de su, muy abierta, blusa negra. Doy fe. Yo esperaba a la entrada del probador y como he dicho, no encontraba allí nada atractivo, por lo que tenía controlado al personal y sus senos.

Compruebo horrorizado que en las tiendas algunas mujeres se hacen muy pero que muy malas. Miran a las otras con desprecio, con envidia por llevarse un vestido del que existen mil más en las estanterías, de probarse tal o cual cosa que no han visto en los estantes. A punto de pagar, mi chica y yo nos vemos acosados, primero con miradas, luego directamente, por una madre e hija que quieren el vestido que llevamos. Tras preguntar: ¿oye, esto dónde lo has cogido?, como si lo hubiéramos robado de una cuerda de tender ropa, se lanza la madre a hacerse con uno igual. Luego los traumas: boda, bautizo o lo que sea, dos mujeres con el mismo modelito, o tres. Disgusto. Claro, si fuera de Prada, lo entendería...

Acompaño a mi chica a una tienda que me encanta, hasta el olor me gusta: W.S. Descubrimos que tiene una nueva línea de lencería a la francesa (de esas con encajes que a mí, personalmente, no me gustan nada). Se llama "hot". Resulta que tiene hasta su propio envoltorio, un cante por cierto, con lacitos rosas y pegatinas plateadas en la bolsa negra, anunciando a todos lo que llevas dentro. Esta colección, supuestamente sexy, a la par que incómoda, digo yo, parece tener mucho éxito. En unos minutos son varias las mujeres que se interesan por, o se llevan en sus compras, piezas de la misma. Como una imagen vale más que mil palabras os dejo dos:

(Sí, las aberturas son para lo que son...)

Una última reflexión: tenemos la suerte de que al 90% de nuestras mujeres les gusta otro tipo de lencería. Nos tienen mal acostumbrados, pero si yo le subo la falda a una chica y me encuentro esto... creo que saldría corriendo. Y vosotras, chicas, ¿no os molestaría llevar eso con, por ejemplo, un par de jeans?