· El yankee que fue a una excursión en silla de ruedas: N. es un buen tipo. Es norteamericano pero su pasión por la cultura hispana, así como sus amistades y su trayectoria personal, hacen que parezca más bien procedente de Puerto Rico. N. jugaba al basket y antes de venir a España se había lesionado. Una torcedura, nada grave pero suficientemente incómoda como para no poder caminar con facilidad. Comenzó el curso, N. se desenvolvía con muletas, pero el sábado había excursión.
Llegó el día. Nos montamos en el bus, salimos hacia nuestro destino, sin que nos hubiéramos percatado de algo. Al llegar a la ciudad que visitaríamos, N. sacó del portaequipajes... ¡una silla de ruedas! Así iría más cómodo. Así que se sentó, se dejó querer por sus compañeras, que le daban cariñitos y se turnaban para empujar la silla, y se sintió como el rey.
Sólo había un problema: la ciudad que visitamos, era Segovia.
La mitad del día transcurrió bien. Pero tenéis que imaginar la segunda parte. Cuando las chicas no pudieron más, se hartaron de él, de su silla y lo abandonaron. Y nosotros, Ignatus, otro profesor y yo, nos turnábamos para empujar la silla de N., bajo un calor sofocante, en las sinuosas calles segovianas.
La bajada del alcázar hacia la plaza mayor fue un infierno. Y digo bajada porque elegimos una calle descendente, en lugar de la ruta principal, ascendente. Ignatus y yo queríamos soltar la silla, que N. se despeñara, y acabara estampado contra la muralla o contra la roca bajo ella. Nos importaba todo un pimiento, que nos despidieran, que nos invadieran los marines, daba igual. Pero ese cabrón, no iba a volver a su casa, como no se levantara y echara a correr. "A la altura del betún iba a quedar el milagro de Lázaro, porque como que soy Puto Niño, este tío se levanta y anda", pensaba yo.
A todo esto, el reaggeton, o como se escriba, aún no se conocía en nuestro país. Y este tío era el fan número 1. Así que no se conformó con hacernos empujar la silla, sino que cantaba y reproducía música en su CD, torturándonos aún más si cabe.
Por fin llegamos al autobús. El día tocaba a su fin.
A pesar de todo, N. se convirtió en uno de esos personajes entrañables que serán difíciles de olvidar.
Eso sí, la siguiente excursión iba a ser a Toledo. Y una cosa quedó clara, o N. caminaba o Toledo lo iba a ver en postales.
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A todos estos últimos posts he respondido como merecían en mi blog,no quería acaparar todo el espacio de los comentarios.
Un abrazo muy fuerte compañero.
Estupendo.
Gracias.
Caro.