· El cuerno de Odín: Sucedió hace poco, apenas 3 ó 4 días. Me planté en Salamanca, con Taomalo y 17 americanos. Entre los chicos, un loco de la historia que fotografía todo lo que parece recordar a los Reyes Católicos (Ignatus, como la habrías gozado diciéndole lo de los Panzers y lo de Gettysburg...), Mike White (un fulano que no se quita la gorra ni para dormir) y Tony Montana (un italoamericano responsable que cuida del grupo, o eso parece). Pues resulta que Tony Montana compra cosas raras. En Ávila, el otro día, compró un marco metálico, como de plata, similar a esos de "No corras papá" para los coches de los 70 con espacio para una foto, con un retrato de Santa Teresa en un lado y en otro un poema, que me tocó traducir al inglés, porque resulta que no entendía nada. ¿Para qué lo compras entonces?
Bueno, pues estábamos en Salamanca, y a la hora de marcharnos, Tony Montana aparece con... un cuerno. Si como lo oyen. Un cuerno tipo vikingo, de esos de beber hidromiel, grande (vamos, seguro que de cuerno no tenía nada, porque era enoooorme), con correaje para atar a la espalda, con tapón y todo, para usar a modo de cantimplora. He recorrido internet buscando una foto y no he encontrado ninguna, pero merece la pena verlo... ¿Dónde coño va este tío con un cuerno, atado a la espalda? Ver para creer.

· San Juan y la fiesta playera: tal vez Tony Montana quería el cuerno para la fiesta de la playa. Y eso me hace recordar las aventuras que he vivido con mis amigos en esa playa...
Para empezar, mi ciudad no está en la costa, es que tiene una playa, con arena del Cantábrico, a la orilla del río. En la noche de San Juan se hace una fiesta enorme, como en todas partes en este país.
La verdad es que es interesante: todo tipo de gente, a su rollo, sin problemas... Para los guiris es increíble, les llama mucho la atención.
¡Cuántas veces hemos ido Ignatus y yo a esa playa! Sobre todo recuerdo, más que nada porque hay fotos (que no pienso postear), la noche con las malinches, bebiendo en círculo sentados en la arena, o intentando llegar al chiringuito para pedir una caña seguido de una medio mexicana profesora de historia que yo ni siquiera conocía... En ese grupo había también una pagana, pero creo que no estaba allí, ya que se había ido a Stonehenge a celebrar el solsticio (de esto prometo hablar otro día).
Pues ahí estábamos Ignatus y yo, sorprendidos con el atractivo de la Nueva España, pero sin decidirnos ante los encantos de las demás, haciendo de anfitriones en una playa atestada de gente, y dando largos paseos hasta el bar más cercano para mear a gusto y tomar los whiskys que un yankee que nos acompañaba se empeñaba en pagar. Qué cara le salía cada visita al baño...
Recuerdo también otra fiesta. También con Ignatus. Aquella en la que estuvimos con su hermana y el en aquel momento novio (hoy marido) de esta, hablando de su pato. Estaba también Úrsula Montes. Y creo recordar que una pesada llamada M.J., a la que finalmente dimos esquinazo... Esa noche quemamos deseos en una mini hoguera que nos hicimos mientras bebíamos un cachi en la arena. y cuando Ignatus y su familia se fueron, y Úrsula y yo fuimos al chiringuito a comprar tabaco, le dije que estaba dispuesto a intentarlo, y me besó. De eso hace 3 años. Por cierto, qué pequeño es el mundo. Comprando tabaco (la cola era tanto o más grande que la de los baños...) coincidimos con un tipo que resultó ser primo de un amigo que vive en los states. Qué cosas pasan...
Este año, como digo, hemos regresado. Esta vez, había millones de personas (bueno, como 100.000 dice la prensa). Allí estaba Taomalo, al que nos costó encontrar entre la multitud, haciendo de anfitrión de unas americanas (si, las de Salamanca), que habían ido bien pertrechadas al botellón: toalla, coronitas, bolsa de limones para la cerveza, calimocho, ribeiro... ¿?¿?¿? ¿Quién lleva ese vino a un botellón? No vimos a Montana con su cuerno. Una pena. M., otra americana, pasó 30 minutos a la cola de un baño a punto de hacérselo encima y aporreando la puerta, C. no se sentaba en la arena y parecía fuera de lugar con su vestidito (¿dónde creía que iba?), y R. estaba obsesionada con comer patatas fritas.
El caso es que, mientras un tipo con una fumada de impresión se empeñó en llamarme Chema, y Taomalo hablaba con una "irish red", Úrsula y yo recordamos que lo nuestro, oficialmente, empezó allí. Y nos fuimos caminando, mientras Macaco cantaba de fondo...